31 octubre 2019
El abismo cíclico y tres poemas inquietantes

EL ABISMO CÍCLICO

Posiblemente aquel libro fuera comprado en una librería antigua, y seguramente no empezaría a leerlo hasta que llegara a su casa, con la chimenea encendida y sentado en su sillón favorito. Lo abriría por la mitad, casi al azar, y su lectura le embriagaría tanto que se sintió mareado. Quiso dejar de leerlo, cerrarlo, tirarlo: pero le fue imposible; a cada palabra que leía se hundía cada vez más y más en aquel sillón, y sus ojos no podían apartarse de la página abierta. Leía y releía una y otra vez los mismos párrafos en una retahíla de palabras que no comprendía. De repente, sintió que unos ojos le observaban desde una esquina de la estancia: unos ojos amarillentos, grandes, solitarios. Sin duda era un monstruo que venía para devorarlo. Aquellos ojos poco a poco se iban acercando a él, en cada palabra leída, sin prisas, pero sin pausas. Pero aquel hombre encontró una manera de no ser devorado: seguir cayendo y hundiéndose en el sillón, pues, al hacerlo, los ojos cambiaban de posición y nunca llegaban hasta él. En cierto modo lo estaba enviando al abismo, a un abismo cíclico.

Y en ello está todavía.

 

 

EL SECRETO DEL ESCRITOR
…Y sus ojos me miraban inciertos,
y su boca se abría con espanto,
y mis manos temblaban,
y mi cuerpo vagaba...
...como sólo pueden vagar los cuerpos en un cuarto oscuro.

 

 

VORAZ
Y la oscura habitación se llenó de sangre,
 y la luna brillaba lejana en el espacio,
 y la ventana se llenó de pequeños murciélagos.
Voraz eres y voraz soy
 desde aquella noche que llegaste a mi ventana
 y te deleitaste con mi sangre fresca.

 

 

THE END
Y allí me encontraba, solo,
en mitad del camino, abandonado,
escuchando el murmurar del río,
buscando aquella senda
que me llamaba con insistencia.
-Aún no estoy preparado -le dije.
Pero sus ojos ya me veían,
y los míos se levantaron ante Ella,
entre tinieblas y viento,
entre polvo y estrellas.